Psicología del nuevo humanismo

Al asomarnos desde la Psicología del Nuevo Humanismo a las principales corrientes de la psicología, las encontramos en un interesante proceso de humanización, enriquecido por los aportes de las escuelas existencialista, sistémica y cognitiva. Sin embargo, pareciera que las alternativas terapéuticas siguen girando en torno al individuo, la pareja o al trabajo grupal humanitario. Todo ello en medio de una crisis mundial, en la que la sociedad se desestructura y la conciencia se desintegra, cayendo en un estado de profunda perturbación. En lugar de responder a este problema de locura colectiva, la psicología se hace parte de él, ignorando la nueva sensibilidad humanizadora existente. De esta manera, deviene coto de caza de especialistas que medran con el sufrimiento ajeno, sin considerar a la sociedad que lo provoca. O, a través de psicosociales mediáticos, se pone al servicio del poder para justificar o disimular las tropelías contra el ser humano y su medio ambiente. Por su parte, el mercado demanda un tipo de psicología dirigida a impulsar el consumismo y hacer más "eficiente" la explotación del trabajo humano.

Ante este panorama, por demás crítico, el autor propone reconducir la psicología hacia sus aspectos más humanizadores. Como un paso en esta dirección, el libro deslinda, pero también recoge los aportes de cada corriente, y propone ir más allá de la psicoterapia y la manipulación psicosocial. ¿De qué manera? Concibiendo al desarrollo personal en función de la transformación social. Esto significa que no es posible superar el sufrimiento individual si cada persona, con sus acciones, no empieza a hacer retroceder el sufrimiento en aquellos que lo rodean, en el mismo medio en el que conviven, sea este familiar, vecinal, laboral, económico, político o cultural. Se trata de una psicología "de todos y para todos", antes que de una actividad exclusiva de algunos que se creen "sanos" dirigida a otros a quienes se supone "enfermos".